El acne vulgar (acne adolescente) es uno de los trastornos más frecuentes de la piel y afecta a casi el 85% de la población de entre 12 y 25 años. El acne tiene un importante componente hereditario. Su pico de incidencia es a los 14 años en las mujeres y a los 16 en los varones, en quienes es más frecuente y severo.
Su presentación clínica no ofrece dificultades de diagnóstico ni para el médico ni para el paciente. Contribuye en forma significativa en problemas psicologicos como depresión, ansiedad y aislamiento. El manejo exitoso del acne es, por lo tanto, de vital importancia para el trancurrir normal de la vida del afectado.
Una entrevista con el paciente con acne debería enmarcarse en los principios desarrollados en la clase de adolescencia. El médico de familia puede ocupar un lugar importante en el control de estos pacientes ya que conoce a la familia y al paciente. Si bien el acne es una entidad benigna, puede ser devastador desde el punto de vista psicologico.
Por eso, el aspecto más interesante de la evaluación del acne es determinar cuánto le preocupa la enfermedad al paciente. Para evaluar cuánto preocupa el acne (y, en consecuencia, cuán agresivo será el tratamiento) es necesario usar preguntas indirectas del tipo: ¿quién está más preocupado por el acne, tu o tus padres ?, ¿alguna vez no saliste con los amigos porque te sentias mal por tu acne ?, etc. Muchas veces, el médico tiene una impresión errónea de la preocupación que tiene cada paciente con su acne.
La entrevista con los pacientes con acne es muy importante. Debe preguntarse en forma exhaustiva acerca de los tratamientos para combatir el acne utilizados previamente y de las circunstancias que agravan el acne (menstruación, ciertas comidas, etc.).
También es importante conocer si el paciente está recibiendo alguna medicación que pueda exacerbar o causar acne (corticoides, litio, iodo, fenitoína, esteroides anabólicos y altas dosis de vitamina B2, B6 y B12). Los anticonceptivos orales pueden mejorar el acne, pero los que tienen un alto contenido progestacional pueden exacerbarlo.
Hay evidencia de que la gravedad del acne es un factor de riesgo para el suicidio en los adolescentes y que los individuos con acne tienen más incidencia de desempleo.
Como el acne es una enfermedad benigna y autolimitada muchos médicos no la jerarquizan dentro de su práctica clínica. Sin embargo, si no se trata correctamente puede dejar cicatrices emocionales y en la piel que pueden durar toda la vida.
No debe subestimarse el efecto psicológico del acne en los pacientes. Como regla general, el médico debería pensar que esta entidad preocupa más a los adolescentes de lo que éstos reconocen en el consultorio.
